Alergia a los gatos: ¿tan frecuente como se cree?


Cuando decidimos adoptar un gato, muchas veces no sopesamos la posibilidad de ser alérgicos, así como otras, presumimos que lo somos sin estar seguros de  ello, porque es lo que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Si no sabemos si somos alérgicos es muy fácil exponerse antes de tomar la decisión. Los niños no nacen alérgicos a los gatos y está comprobado científicamente, que los niños que conviven desde muy pequeños con gatos por largos períodos de tiempo, tienen menos probabilidad de desarrollar alergias que aquellos que se crían en  ambientes excesivamente limpios. No privemos a nuestros hijos de la maravillosa posibilidad de tener un gato solo porque temo que pueda enfermar por él: es justamente lo contrario.

Junto con la llegada de la primavera, en que todos los árboles comienzan a florecer, los días comienzan a hacerse más tibios, los pajaritos cantan en los árboles, cuando todo parece llenarse de vida, de pronto vemos que las nuestras están un poco solitarias y que dentro de todo, pensamos en una mascota peludita, redondita, “lo más chiquitita posible”, “para criarla a mi manera”, “para  enseñarle” y adoptamos un dulce bebé gato, para que nos acompañe a nosotros o a nuestros hijos, cuando de repente… ¡achís!

Muchas personas son alérgicas a los gatos, lo saben casi desde que tienen conciencia, pues no hacen más que ir de visita a una casa con gatos y se congestionan rápidamente, sin importar la época del año en la que se encuentren. Otras en cambio, fueron advertidas por sus padres, que no se fueran a acercar a un gato porque “les va a dar alergia”… y sin embargo, han pasado décadas y nunca han sabido si lo son o no, y en realidad los gatos les caen bien, pero tienen esa aprensión: ¿seré o no seré alérgico? y si lo soy, ¿qué puedo hacer?

Existen dos maneras muy fáciles de saber si uno es alérgico o no a los gatos,  una muy barata y la otra más costosa: exponerse directamente a un lugar donde haya gatos o ir al médico y pedirle que nos realicen un test, no hay más maneras.

Es cierto que las alergias pueden comenzar a desarrollarse en cualquier momento de la vida, pero no van a comenzar justamente después de vivir meses o años con un gato y de pronto, cuando descubro que estoy embarazada, recién me doy cuenta que lo soy… esa es una excusa muy pobre, refleja ignorancia, desapego y que no soy capaz de enfrentar las decisiones que he tomado en mi vida.

Por otra parte, ya desde muy pequeños podemos mostrar los primeros signos de alergia, pero muy raramente en menores de un año, ya que aún están madurando el sistema inmunológico, pero sí en los infantes entre 3 y 5 años, ya que sus cuerpos comienzan a discriminar a qué “enfrentarse” como potencial peligro y a qué no: este es el concepto básico de alergia, que el organismo ataca y percibe como “enemigo” sustancias químicas con las que convivimos y que no necesariamente son patógenas o malignas.

Así surgen las alergias a las semillas,  el polen, los ácaros, los antibióticos, algunas proteínas, algunos productos químicos y entre ellos, sustancias relacionadas con animales: su caspa, su pelo, su saliva. Un estudio en la Universidad de Columbia, USA, señaló que los niños menores de 5 años que han convivido todo ese tiempo con un gato, tienen menos probabilidades de desarrollar asma, pues han creado anticuerpos protectores especiales para ello.

Sin embargo, si el niño ya es asmático y alérgico a los gatos, no está recomendado exponerlo directamente a ellos. Por lo tanto, un niño tendrá menos probabilidad de desarrollar alergia o asma, si convive con gatos desde muy temprana edad, comparado con un niño que no ha convivido nunca con uno.

El llamado es a informarnos correctamente, a no culpar a nuestro gato y deshacernos de él porque es el primer sospechoso de lo que nos está pasando a nosotros o a nuestros niños: no olvidemos que el humo del tabaco, los químicos de la limpieza, los químicos de los cosméticos, shampoos y cremas que utilizamos son potencialmente más alergénicos que nuestro peludo compañero.

Si definitivamente somos alérgicos y no tenemos nada más que hacer al respecto, consideremos bañar habitualmente a nuestro gato, mantengámoslo impecablemente desparasitado, enviémoslo a cortarse el pelo y evitemos dormir abrazados a él. Si alguno de nuestros hijos desarrolló alergia a los gatos de todas maneras, a pesar de haber convivido con él, tomemos las mismas medidas. Si no sabemos si nuestro hijo es o será alérgico, no lo privemos de la alegría  de tener un compañero de 4 patas, es más probable que al aislarlo del mundo lo criemos en un ambiente totalmente estéril para que nada le vaya a suceder, pero lo predispongamos a desarrollar asma y, además, carente del afecto que un animal le pueda entregar.

Dra. Vanesa Triviño
MV especialista en Medicina Felina
Universidad de Chile