Cáncer a la piel: ¿mito o realidad?


Desde hace algunos años, se ha incorporado en el informe del tiempo un segmento que señala el índice de radiación ultravioleta, señalándonos si está bajo, normal o peligroso. ¿Somos conscientes de esa información? ¿Hemos pensado alguna vez que aquello también afecta a todas las especies de animales sobre el planeta?… Y no vayamos tan lejos: miremos a nuestro gato que está feliz sobre el techo o en el balcón, literalmente “de guata al sol”. En esta columna te indicamos algunos aspectos importantes del cuidado de la piel de tu gato.

La piel de los mamíferos por naturaleza está cubierta de pelos, unos más que otros. Esta capa actúa naturalmente para que la radiación no penetre directamente a la piel y produzca cambios en ella. Es la razón por la cual los humanos nos bronceamos y técnicamente los otros animales no: porque ellos tienen más pelo que los protegen (los hombres calvos saben de esto y suelen usar sombreros y gorros en el verano).

Ahora bien ¿qué sucede en las zonas donde hay menos pelo? Miremos detenidamente la cabeza de nuestro gato: en la frente, sobre los ojos, existe una zona a ambos lados con poca cantidad de pelo, podemos ver la piel claramente y no es porque nuestro gato se esté quedando “pelado” tan joven… Sucede exactamente lo mismo sobre la nariz, justo sobre su “morrito” rosado o negro, según sea el caso: hay poco pelo y a veces no hay. Miren también atentamente y con detenimiento sus orejas, no nos van a decir que los bordes son muy peludos: en toda la orilla, también podemos ver la piel. Todas estas zonas están expuestas las 24 horas del día, los 365 días del año a la radiación UV y nuestro gato, cual guardián de la bahía, se expone apenas aparecen los tibios rayos en la mañana, hasta cuando alguien o algo los mueve de su lugar, si no, permanecen allí por horas.

Pensemos ahora qué pasa con los colores. En los humanos, la gente de raza negra prácticamente no se broncea, ni tiene un riesgo importante de contraer cáncer a la piel. ¿Por qué? Porque el color de la piel tiene un pigmento llamado melanina que protege la piel de los rayos ultravioleta. Técnicamente existen dos tipos: la melanina falsa o feomelanina y la melanina verdadera o eumelanina. ¿Qué significa esto o qué importancia tiene?: que una protege de la radiación y la otra no. La verdadera es de color negro y es la que protege efectivamente contra la radiación. La falsa es de color rojo y aunque es un pigmento, no cumple con esa función, es como si no existiera.

Volvamos a pensar en nuestro pequeño compañero peludo. ¿De qué color es? ¿De qué color son las zonas en que tiene menos pelo? Como ya tenemos la base del conocimiento y como somos dueños preocupados, tal vez adoptantes novatos que vemos que nuestro gato está en riesgo ¿qué podemos hacer? PREVENIR. Es imposible explicarle al gato de los riesgos, imposible ponerlo a mirar el informe del tiempo todos los días, por lo tanto, es nuestra responsabilidad como dueños que el gato no se exponga al sol. Si vivimos en departamento es más fácil, podremos cerrar cortinas o impedirles que tomen el sol entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde como nos recomiendan a los humanos. Si vivimos en casa es más difícil, pero la recomendación es la misma.

El uso de bloqueadores solares está comprobado que no hace diferencia significativa para aquellos gatos que los han usado versus los que no. Peor aún, aumentó el índice de intoxicaciones por la ingesta constante del producto por parte del gato (se lo intentan sacar apenas se los ponemos, por eso los gatos no deben usar nunca ningún tipo de cremas).

Por último, a ti que aún no has adoptado un gatito y te mueres por tener uno: sé consciente que si vives en casa es mejor que adoptes un gato que no tenga los colores que están predispuestos al cáncer a la piel. Evitarás el sufrimiento de tu gato y de toda tu familia.

Dra. Vanesa Triviño
MV especialista en Medicina Felina
Universidad de Chile