Comportamiento felino y la llegada de un nuevo bebé (Segunda parte)


¡Nuestro bebé ha nacido! ¡Qué felicidad!… pero ¿nuestro gato, opina lo mismo? Revisa la segunda parte de nuestra columna.

¿Recuerdas esas noches en que dormíamos plácidos sin que nada nos despertara? ¿O salíamos a tomar un trago con los amigos y al otro día podíamos dormir hasta tarde, abrazados a nuestro gato o él instalado a nuestros pies tranquilamente?… bueno, esos días han quedado atrás, tú lo sabes, tu pareja lo sabe… pero ¿cómo se lo explicamos a nuestro gato?…

Sí, ya ha llegado el bebé al hogar, ya no estás durmiendo como corresponde, ya no tienes tiempo para nada, estás todo el día cambiando pañales y te da pena hasta el cuento de la Caperucita Roja… Para más remate, el gato se está portando raro, araña los sofás más que antes (o acaba de comenzar a hacerlo), te quiebra cosas, vive metido entre las cosas del bebé e incluso, se está haciendo pipí donde no debe… ¿queremos salir de esta pesadilla o la estamos pasando genial?

Vamos por partes. Primero que todo, acepta. Si criamos al gato como nuestro primer hijo, por defecto el bebé es el segundo (o el tercero). Es impensable que nos deshagamos del primero, porque uno no debe renegar de sus responsabilidades y de las decisiones que ha tomado, debe hacerse cargo y tomar medidas para una convivencia armoniosa entre todos.

Segundo, no desesperes, todo tiene solución. Primero, debes ordenar tus rutinas respecto a tu bebé, siguiendo los consejos de tu médico, de tu mamá y de tus amigos(as) con más experiencia. En la medida que vuelvas a rearmar rutinas, todo volverá a la normalidad, principalmente para tu gato, que es lo único que desea: rutinas, no más cambios. Lo pide con todo su ser. Intenta comprender lo que te trata de decir.

Si de rearmar rutinas se trata, recuerda cómo eran las cosas antes de que el nuevo bebé llegara. Tu gato pedía su alimento en ciertos horarios, de cierta manera y en cierto lugar: permanecías con él determinados minutos y de determinada manera: piensa, qué hacían y cómo lo hacían, tu gato quiere un retorno a aquello. Reajusta horarios, retoma tu vida. Tu gato necesita nuevamente aquellos minutos en que eran solo vuestros, si ya no da para media hora, a lo menos cinco minutos, pero no se pueden transformar en ninguno. Cinco minutos dos veces al día, hazle cariño, juega con él, háblale, cuéntale tus penas, explícale cómo serán las cosas. Muchas personas creen que los que hablamos con nuestros gatos estamos “locos”, pero no saben que en el fondo conversar con nuestra mascota nos sirve de terapia; solo que este terapeuta no nos aconsejará, pero nos escuchará atentamente.

Si el problema ya ha pasado a mayores, está arañando los muebles y está orinando fuera de su caja, analiza los porqués para encontrar la solución. El arañado es muy fácil y evidente: le está señalando al nuevo “intruso”: “esto es mío, esto es mío y esto también es mío, este era mi territorio y no te vas a apoderar e él”. ¿Cómo lo solucionamos?: con más atención para nuestro gato, cariños, confianza, golosinas (de gato) y juegos. Perderemos menos tiempo y menos dinero que persiguiéndolo con repelentes, zapatazos, escobazos, encierros o echándolo a la calle, donde corre peligro de un accidente. Insistimos: “cariñoterapia”. Mínimo cinco minutos dos veces al día. No cuesta tanto.

Si está haciendo sus necesidades fuera de su caja, observa: ¿le estoy limpiando su caja de arena todos los días?, ¿le compré piedras más baratas en vez de arena, porque no tuve tiempo de ir a comprar donde siempre y le traje lo más rápido y más cercano? Si estas dos variables ya están controladas, piensa en consultar con tu veterinario, porque hay gatos (sobre todo los machos jóvenes), que pueden enfermarse por estrés. Verifica que no sea este el caso, pues puede llegar a ser tan grave, que tu gatito no pueda volver a orinar, se obstruya por completo y esto le pueda costar la vida. Mantente atento(a) a eso.

Son muchísimas las variables a considerar ahora que has reunido a dos seres que por el momento no son capaces de comprenderse entre sí. Olvídate de los mitos, olvídate de los “celos”, abre tus sentidos y ponte en el lugar de cada uno. Comienza una etapa en que deberás entender las cosas sin un lenguaje verbal, solo por comportamientos y conductas. Asesórate adecuadamente con un buen pediatra y con un buen veterinario. En la medida que puedas lee, pero fíjate bien de dónde estás sacando la información. Te acabamos de dar pautas y guías, ahora te toca a ti unir cabos y llevar esta tarea a buen puerto. Somos millones de personas que lo hemos logrado y que nuestros hijos son felices con sus gatos. No todo fue miel sobre hojuelas, pero ¡ánimo!, ¡se puede lograr!

Dra. Vanesa Triviño
MV especialista en Medicina Felina
Universidad de Chile